Revista interna cuatrimestral del Hospital Universitario Reina Sofía
Agosto 2013

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La mayoría de los trabajadores ha vivido con intensidad en las instalaciones de este centro -y lo sigue haciendo- parte de su vida. En todo este tiempo, en el hospital han encontrado desde salas, despachos, pasillos o consultas en las que ejercer dignamente su profesión hasta un refugio para la amistad. El centro ha cuidado siempre uno de los valores más importante con los que cuenta, sus profesionales, y así se lo recuerda repetidas veces a lo largo del año con homenajes que no son más que una manera cercana de dar las gracias. Es más, para algunos, el Hospital Reina Sofía es, literalmente, la extensión de su hogar -por los familiares y amigos con los que comparte lugar de trabajo-
El interés del centro por mimar a sus profesionales viene de antiguo, ha sido una constante desde sus inicios. Por ejemplo, la celebración este año de la doceava edición del homenaje que se dedica a los profesionales que en cada ejercicio se jubilan es prueba de ello. Si este complejo sanitario es especial, buena culpa de ello la tiene la plantilla formada por más de 5.000 trabajadores que históricamente se ha implicado de manera especial con su hospital. Sin ellos, sin su entusiasmo, el centro nunca habría llegado a alcanzar las cotas de excelencia que ha sabido conquistar en sus 37 años de vida.
Esta revista -que precisamente nació como un instrumento para dar a conocer a sus profesionales el acontecer del hospital- ha publicado informaciones que demuestran la importancia que la Direción otorga al potencial humano que en él trabaja.
En este ejerccio de rescatar del baúl de la última década textos ya publicados en anteriores números de la revista, aparecen muchas muestras de este tratamiento afectuoso. Sin ir más lejos, un ejemplo podría ser la creación de la Asociación de Mayores del hospital, a la que tan agradecido está el hospital por la posibilidad que brinda a quienes les llega la edad de la despedida de seguir en activo y vinculados al centro. Las últimas revistas recogen textos e imágenes que son fieles testimonios de la alegría y las ganas de vivir que conservan estos profesionales ya jubilados. Además, el centro cuenta con la Asociación Cultural y Deportiva de Trabajadores del Hospital (Trahos), cuya actividad también ha encontrado su espacio en esta publicación interna.
Los homenajes personales que suelen organizar los propios compañeros cuando alguno causa baja, por el motivo que sea, son un modo muy expresivo de mostrar su amistad. Las despedidas más amargas las protagonizan aquellos que se van antes de tiempo y, en muchas ocasiones sin avisar. Es lógico que en una plantilla tan amplia los fallecimientos de su integrantes, siempre dolorosos, golpeen cada cierto tiempo. Los compañeros, así como el centro en su conjunto, sienten su pérdida y su recuerdo sigue vivo por mucho tiempo que haya pasado desde su partida.
Son tantos los nombres que se han borrado de la lista a lo largo de la historia del centro que sería imposible poder homenajear a cada uno de ellos de manera individualizada. La excepción ocurre con profesionales que, por la responsabilidades que tuvieron en su día, representaron al hospital en algún momento de su trayectoria o, más bien, durante buena parte de ella. Es el caso de quien fuera especialista en Aparato Digestivo y primer director gerente del Hospital Reina Sofía, Gonzalo Miño Fugarolas -fallecido en 2002- o del jefe de servicio de Medicina Nuclear, José María Latre Romero -que murió en 2011-. El primero ha dado nombre a una calle incluida en el recinto hospitalario y con el nombre del doctor Latre reza una placa a la entrada de la sala del PET-TAC. Ambos, con su buena gestión, contribuyeron a hacer de este hospital un lugar mejor en el que trabajar y en el que recibir atención sanitaria. La revista se hizo eco en su día de estos homenajes.
En familia
En la revista número 11 -de agosto de 2006- se publicaba un reportaje titulado ‘Familias unidas también por el hospital’ en el que se cuenta que “al menos dos generaciones, pues 30 años no permiten más, comparten lugar de trabajo en el complejo sanitario. Padres con sus hijos y/o cónyuge, hermanos, tíos y primos. Unos administrativos y otros residentes, unos enfermeros y otros técnicos, unos de mantenimiento y otros médicos”. Continúa enumerando ejemplos y entre ellos se citan los siguientes: “el hijo del doctor Gordón del Río hizo la residencia en el Reina Sofía. El apellido Álvarez unido a la Medicina también se repite con frecuencia, pues José Álvarez, quien fuera responsable de Farmacia ya fallecido, ha dejado en este hospital a dos hijos Álvarez Kindelán (uno urólogo y otro cirujano torácico) y a algún sobrino, entre ellos el especialista en Infecciosos José María Kindelán. Por otra parte, Gonzalo Miño convivió aquí con su mujer (enfermera) y su hija (ginecóloga). La descendiente del doctor Ricardo López Pardo (antiguo responsable de urología) es Mercedes, enfermera de Endocrinología y Nutrición”. El reportaje continúa con muchos más parentescos que tienen un nexo laboral común en el hospital.
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